La naturaleza nos ganó


Les describiré un poco de mi madre: Es alta, rubia, de cabello largo hasta la mitad de la espalda, con unas tetas enormes, un culo acorde al resto del cuerpo y un poco gordita.

Estábamos aburridos en casa, mi madre por su habitación y yo por la mía. Llegada la tarde ella entró y me preguntó si quería ir al cine con ella, ya estaba cansado de pasar encerrado en casa por ese día, así que acepté su invitación. La película fue entretenida, y de camino a casa compramos un par de cervezas, a veces hacíamos eso para pasar el tiempo platicando un poco. Ya en casa cenamos un poco, y como tenía mucha sed, bebí la primera botella casi al instante. Creo que desde ahí empezó todo porque el alcohol me había hecho efecto rápido.

Estuvimos hablando un rato mientras seguíamos bebiendo las cervezas, cuando de repente me preguntó si había alguna chica que me gustara. Le dije que de momento no, pero que no importaba porque me gustaba mucho pasar tiempo con ella. Acerqué mi mano a la suya. Nos quedamos en silencio por un tiempo, yo no sabía lo que estaba pasando, pero de a poco empezamos a entrelazar nuestros dedos, hasta que nuestras manos quedaron como la de las parejas de novios. Nos miramos sin decir nada hasta que nos acercamos al otro y lentamente nuestros labios se juntaron en un beso en inicios muy dulce, pero fue aumentando la intensidad hasta que sentí su lengua jugando con la mía. Mordí suavemente su labio inferior.

Así estuvimos por un rato. Ella se apartó y se puso en pie, y sin soltarme la mano me pidio que la siguiera. Entramos a su habitación y sin esperar nada, me quité la ropa hasta quedar en boxer mientras ella se recostaba en la cama. Se marcaba muy bien su figura.

Seguí encima de ella, nos volvimos a besar, pero esta vez con más lujuria que antes. Para entonces creo que ya no nos veíamos como madre e hijo sino como hombre y mujer, lo digo porque llevé mis manos a sus tetas y ella en lugar de detenerme empezó a gemir con una voz muy sensual, como las actrices porno. De la excitación no podía quitarle la blusa, así que sin querer se la jalé con fuerza y los botones salieron volando, ninguno dijo nada, así que seguimos con lo nuestro. Ver sus tetas enormes con perspectiva de hombre y ya no de hijo me encendió demasiado, así que quise liberarlas de su brasier de encaje, pues le quedaban muy pequeños para tan grandes tetas.

Cuando por fin salieron del brasier, me lance sobre ellas. Con una mano acariciaba una de las tetas mientras me metía a la boca la otra. Besaba, mordía y la chupaba como un niño pequeño esa teta. A ella le encantaba porque gemía cada vez con más fuerza. A la hora que fuimos al cine hacía calor, así que estaba con una falda elegante, se la levanté lo más que pude y luego bajé su tanguita hasta la mitad del muslo. Trataba de meter los dedos en su vagina toda mojada, entonces me subí más a ella y me quité el boxer, mi pene estaba todo duro y lo pasé por la raja de su vagina, tardé un poco por el alcohol, pero cuando por fin entró la punta, no esperé más y la embestí por completo.

-¡Hijo, no! -gritó ella, pero ya era muy tarde. mi verga estaba hasta el fondo de su vagina.

Pese a su grito, no hizo nada para detenerme, en su lugar gemía con tanta lujuría que me podía más caliente. Juro que fue como tener una puta en la cama. Seguí metiendo y sacando mi verga con más rudeza y velocidad hasta que ella exclamó algo que me hizo excitar como nunca.

-¡Estoy teniendo sexo con mi hijo!

Escuchar eso me hizo descargar todo el semen que tenía. Ella sólo cerró los ojos y me abrazó con sus piernas obligándome a introducir más mi verga. Pero no me detuve, seguía metiendo y sacando mi verga de su vagina maternal y mojada. Después de un rato me detuve y ella dejó de gemir, nos quedamos así un rato, y sin sacar mi pene, pasamos unos minutos besándonos. En eso el efecto del alcohol se me había ido un poco. Me levanté y fui al baño. En mi mente me reprochaba porque no sabía lo que había hecho. No quería salir del baño porque pensé que mi madre me iba a regañar, pero cuando habría la puerta ella estaba sentada en el filo de la cama, con la tanguita bajandole y con las tetas fuera del brasier. Me acerqué con miedo, pero ella no parecía enojada.

-Mira cómo me dejaste -me dijo mostrándome la blusa rota y con sus partes intimas al aire.

Me avergoncé por lo que pasó, pero antes de que pudiera decir algo ella continuó:

-Es normal. Somos macho y hembra y convivimos mucho, era normal me quisieras de esa forma.

Luego de eso, hablamos un poco más, yo aún desnudo y ella con la ropa suelta. Al final, nos quedamos dormidos en su cama tal como estabamos.

Espero que les haya gustado mi primera vez con mi madre.

Si quieren hablar de cualquier cosa, dejenme su correo en los comentarios.

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